lunes, 1 de agosto de 2016

CONTADORA DE HISTORIAS Y CIUDADANA DEL MUNDO

Para escribir, de la misma forma como para leer con provecho hay que haber vivido y vivir la vida intensamente. No vale pasar por la vida de puntillas, hay que sumergirse en ella, hay que amar y ser amado, hay que reír y llorar, hay que morder y dejar que te muerdan. Hay que ser ciudadana del mundo; tender puentes y cruzarlos; ponerte en otras pieles; preguntar, preguntar y volver a preguntar ―incluso a ti misma, en primer lugar― para al final comprender que todos vivimos bajo un mismo cielo. Hay que absorber. Hay que vivir con los sentidos y los ojos abiertos. Hay que vivir con ganas. Hay que tener y mantener viva la curiosidad.

Después de muchísimos años sigo siendo la misma niña curiosa que era. Convencida estoy a estas alturas de que poseo el gen Drd4, es decir, el gen de la curiosidad. Aposté en su día por esa curiosidad, y le di un lugar relevante en mi vida. Hoy sé que hice lo correcto y ello me da la gran satisfacción de haber sido coherente y consecuente conmigo misma.

Con todo lo vivido y las miles de experiencias acumuladas, todavía no se me han acabado las ganas: ni las de aprender; ni las de curiosear; ni por supuesto, las de contar historias.

Esa curiosidad, ese gen, quizás es mi mayor virtud; de los defectos mejor no hablamos, porque de tenerlos los tengo y a puñados.
Lo que sí que sé es que la curiosidad es mi mayor tesoro, pues todo lo que he sido, soy y seré a ella se lo debo.

Besos y abrazos a tod@s. 
María Aixa Sanz.